Han llegado -¡más penas!- a mis castos oidos hechos que, en un primer momento provocaron mi indignación, posteriormente la preocupación y, finalmente, una lástima infinita, todo por no caer en el desprecio hacia esas... ¿personas?
Han llegado a mis oidos noticias de que abuelos -maternos- y madre de mis hijos se han embarcado en una cruzada con el fin de ponerlos en mi contra, en contra de su padre.
Han llegado a mis oídos las acusaciones que vierten sobre mis hijos de que su padre los está manipulando. ¿No os dais cuenta de que es una causa perdida?... ¿No caeis, pobres ignorantes, en que en mi casa ni se habla de vosotros? ¿No sois conscientes de que, para mi, lo primero es la paz de mis hijos? ¿Por qué poneis tanto empeño en trastocarla? ¿Por qué tratais de volcar ese odio que os llena sobre mis hijos?
Son vuestros nietos y tus hijos respectivamente. Pero con el fin de tratar de apartarlos de mi os importa un bledo el daño que les podais hacer.
Señores abuelos maternos, señora madre... quedaos tranquilos. Piense lo que piense yo de vosotros (como dijo Jesús: sepulcros blanqueados) no hago partícipes a mis hijos de estas cosas. Son mis hijos y yo no soy como vosotros. Yo los quiero. Y dudo mucho de lo que vosotros podais entender por "querer". Nunca habeis sabido qué es eso.
Y termino con el refrán que me soltó uno de mis hijos cuando me contó todas vuestras "nobles" conductas: "Piensa el ladrón que todos son de su condición". Así que, aplicaos el cuento. Y aprended a ser personas.
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