Compañeros de celda

domingo, 4 de diciembre de 2011

La respuesta

Existen personas que creen que no contestando a una carta, un correo, un mensaje o cualquier otro medio de comunicación personal, se sitúan por encima del otro. Nada más lejos de la realidad. El que no responde, desprecia, y despreciar a otro implica una carencia absoluta de humanidad y educación. Pobrecitos aquellos que no contestan. Realmente, se disfrazan de desprecio cuando la verdad es que no tienen razones o valor para dar una respuesta coherente.
A mi me enseñaron, y terminé aprendiéndolo por mi mismo a lo largo de mis años, que la respuesta es la forma más educada de considerar al interlocutor tan "ser humano" como a ti mismo. Y si hay alguien con quien no quisiera hablar, le diría "No deseo hablar con Vd"... pero contestaría.
Por mi respeto hacia los otros.
Por mi educación.

martes, 28 de junio de 2011

Hoy

Hoy ella cree en mi. Porque aunque yo no llegue hasta lo más alto, siempre alcanzo más de lo que ella me pide.
Hoy yo creo en ella. Porque aunque no lo encuentre todo en mi, siempre encuentra más de lo que yo esperaba.
Hoy, ella y yo, creemos en Dios.

miércoles, 1 de junio de 2011

El capitán

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

Henley

martes, 17 de mayo de 2011

¿Cuándo aprenderemos?

El hombre dice: "¡Todas las mujeres son iguales!"
Dice la mujer: "¡Todos los hombres son iguales!"
Digo yo: "¿Cuándo aprenderemos a mirarnos y conocernos?"

domingo, 15 de mayo de 2011

Lo que de verdad duele...

Duele el engaño, pero con el tiempo lo aceptas y te lo tragas, como si fuese la más grande verdad. Se supera.
Duele el desamor, pero al cabo, terminas por entenderlo y dejas de amar tú también. Se pasa.
Duele la manipulación, pero te acostumbras a ella y acabas por no darte ni cuenta de que eres una marioneta. Se acepta.
Duele la mentira, pero conduces tu vida por otros caminos y llegas a situarte lejos de ella. Se asume.
Pero lo que no se supera, no se pasa, no se acepta, no se asume... y duele, es ver cómo alguien a quien has querido y a quien has entregado tu vida, te pisotea sin piedad y sin motivo, por el puro placer de hacerte daño, hasta dejarte convertido en un despojo de sangre. Eso es lo que de verdad, de verdad... duele.

domingo, 8 de mayo de 2011

A gusto

Me siento a gusto. No voy a decir "feliz" porque siempre he cuestionado la validez de ese término. Pero me siento muy a gusto, en paz, pleno de vida, de cosas para dar y para recibir. Se que esto no será motivo de alegría para unas cuantas personas. Lastimosamente, la serenidad que consiguen unos suele representar la insatisfacción de otros. Es curioso cómo funciona en ocasiones el ser humano. Pero yo, independiente ya, por fin, de las falsas necesidades, de las falsas amistades, de los falsos amores, me siento a gusto. Mi conciencia me apoya. Me dice: "Lo has hecho bien, Bernard, tú lo has hecho bien. No culpes a quienes lo hayan hecho de otra forma, porque cada uno hace lo que puede". Y yo le hago caso. Sólo dependo de mi. Y me siento a gusto.

viernes, 29 de abril de 2011

De brujos y brujas

Las brujas ya no utilizan escobas, ni los brujos sus poderes ocultos, entre otras cosas porque no quedan escobas y los poderes ocultos se esconden demasiado bien. Ahora se estila más la fregona y el móvil. Ahora, para ser justos, habría que llevar a la pira a los poquísimos que no somos ni brujos ni brujas. Al fin y al cabo, son los únicos que conservan el misterio. ¡Benditos sean, y que su muerte resulte, a la par que inminente, gloriosa!

jueves, 28 de abril de 2011

Feria

Es una feria, aunque no reparten churros. Es feria aunque no huele a fritanga. Es una feria por más que no crucen las murgas entre el personal. Es feria, pero es la del libro. Una ocasión sin igual para que algunos y algunas tengan ocasión de constatar el aspecto que tiene un libro de verdad.

viernes, 22 de abril de 2011

El otro lado de la historia

Dedicada a Maribel Garrido, por creer que lo sabe todo sin necesidad de haberme conocido.

Hace ya muchos años, Margarita y Borja se conocieron, casualmente, como suele suceder. Borja ya había vivido varias historias de amor que le habían dejado un regusto amargo, quizás triste, en la boca. Pero Margarita se encargó de hacerle olvidar todo lo anterior. Bailó a su alrededor la danza de la seducción. Ya sabía hacerlo. A pesar de una notable diferencia de edad, Margarita, ayudada por su madre, supo tejer alrededor de Borja una red con la que lo atrapó. Todos los intentos -y fueron muchos- de Borja por salir de esa red resultaron inútiles, y acabó por convertirse en un tonto, ciego de amor, inevitable amor, por Margarita.
Margarita y Borja se casaron tras varios años de lucha contra quienes se oponían por parte de ambas familias. Tiempos de repudio y de persecución. Y comenzaron su vida juntos. En principio todo fue bien. Margarita ya disfrutaba de lo que quería, su casa, su dinero, su libertad... eso era todo, porque resulta evidente, a la luz del tiempo, que no buscaba amor. Tuvieron dos hijos, dos maravillosos hijos. Y pasaron los años en aparente armonía. Llegaban amigos al hogar de Margarita y Borja y se asombraban del ambiente de paz y sosiego que reinaba -tal vez lo ponía Borja, tal vez-, de la sensación de acogimiento que notaban con sólo entrar en aquel hogar. Cierto que, a pesar de todo, en los últimos años Borja había comenzado a albergar algunas dudas y preguntaba cada dos por tres a Margarita: "¿Pero, tú me quieres?"... y ella se encargaba de tranquilizarlo: "¡Claro que te quiero! ¿Cómo puedes dudarlo?". Borja se lo creía y continuaba viviendo feliz, entregándose a Margarita. Y poniendo toda su vida al servicio de ella.
Hasta que, un día, tras casi 18 años de matrimonio, hizo su aparición un "amigo" en el hogar. Un "amigo" que comenzó a llamar por teléfono continuamente, cuando no estaba metido en el hogar de Margarita y Borja. El teléfono lo cogía casi siempre Borja y, sin saludar siquiera, sin decir un "buenos días, Borja", este "amigo" preguntaba "¿Está Margarita?". Y Borja, pobre tonto, le decía que si, que claro que estaba, y la llamaba: "Margarita, es tu amigo Josué"... Era "amigo" de Margarita, pero pronto se hizo pasar por amigo de Borja, valiéndose de que Borja era un pobre iluso que creía en la gente y en sus buenas intenciones. Borja nunca puso en duda la honestidad de Margarita a pesar de tantas llamadas continuadas... a pesar de llegar del trabajo un día y otro y encontrarse siempre a Margarita con otro hombre en la casa... "Pero Borja"... -le decían- ..."un día, vale... dos veces, puede pasar... pero a la tercera tienes que ponerte los pantalones y dejar las cosas claras" "No" -respondía Borja- "Margarita no es así"... A pesar de las advertencias de amigos y vecinos, no podía dudar de su mujer.
Aparentemente, Margarita y Borja continuaban con su vida normal, pero muchas cosas fueron cambiando, sin que Borja llegase a darse cuenta. El "amigo" y Margarita tenían una historia de sexo. A Borja se lo llegaron a insinuar algunos amigos, pero Borja fue incapaz de creerlo, confiaba demasiado en Margarita. Ella seguía diciéndole que lo quería y haciendo el amor con él, de forma que Borja no podía imaginar engaños por su parte. "¿Cómo va a acostarse con otro y luego conmigo?"
Una noche, sin discusión previa ni incidente alguno, repentinamente, Margarita le dijo a Borja, por fin, lo que en la sombra llevaba muchos años preparando... le golpeó en toda el alma con un "no te quiero". Borja le preguntó si había otro hombre, y Margarita, después de sofocar una risa que se le escapó sin querer, y que Borja recordaría siempre, le dijo que no. Borja la volvió a creer, como todas las veces anteriores. Y como siempre, hizo el idiota. Se fue de su casa, en lugar de decirle que se fuese ella cuando quisiese, que aquella casa era tan casa de Borja como de Margarita, y que si ella quería romper el matrimonio... ¡podía marcharse con todas las bendiciones!
Borja creyó que se había acabado su vida. Por desgracia, no fue así. Volvió a este mundo para ver cómo Margarita lanzaba sobre él ataque tras ataque, mentira tras mentira, barbaridad tras barbaridad. Y todo muy bien planificado desde hacía años. Borja se creyó morir de nuevo. Y pidió, suplicó cientos de veces, una explicación. ¿Por qué?... Dímelo a la cara... ¿qué es todo eso que he hecho? ¿Qué es todo lo que vas diciendo, contando por ahí?... ¿Realmente he sido tan malo?... Pues si lo he sido, pido, por nuestros 18 años de vida común, de hacer el amor y traer hijos al mundo, una explicación. Dime, tan sólo, a la cara, todo lo que he hecho mal.
Nunca hubo respuesta. Nunca hubo aclaración. Una explicación. Un por qué todo aquello que Borja nunca entendió. Dieciocho años de matrimonio eran dieciocho años de mentiras para Margarita. No daban derecho a nada. Bueno, sí, hubo una aparente explicación... porque cuando Margarita lo consideró oportuno y se creyó con derecho a todo, volvió a llamar a Borja, una y otra vez, sin desanimarse porque Borja le rechazase la llamada o le colgase cuando empezaba a elevar el tono, para seguir gritándole y tratando de imponerle las cosas como siempre había hecho... Ella le había acusado de ser violento porque había roto todos los cuadros de la casa. Borja había roto cuatro, efectivamente, pero todos los demás cuadros que habían estado colgados por la casa, allí seguían, intactos. Y todo el mundo los había visto, hecho que carecía de importancia, pues a pesar de haberlos visto intactos, si Margarita decía que los había roto, para quienes la rodeaban, definitivamente, los había roto. Y los cuatro que rompió, como todos los demás, al fin y al cabo, los había pintado él. Margarita estaba a su lado cuando con una pena inmensa Borja los rompió. Eran los cuadros en que aparecía Margarita, porque Borja empezaba a darse cuenta de que Margarita iba por otros rumbos menos honestos con respecto a los hombres... Borja había tenido que soportar los primeros cuernos de su vida, que no serían los últimos... luego volvió a engañarse, pero esa es otra historia. Borja le pidió que tirase los cuadros, no quería verlos, pero Margarita, previsora, los escondió bajo la cama para ir afianzando su coartada, para ir enseñándoselos a todas las amigas y familiares como prueba de la violencia que se gastaba Borja. Allí pasaron los cuadros al menos nueve años. Nueve años en los que Borja ni se enteró. ¡Mira que era tonto el pobre!
En aquella última llamada, Borja se decidió a preguntarle: "Entre tú y yo, sin nadie delante, ¿cómo pudiste decir que yo era violento?" Ella se quedó callada un momento y entonces respondió: "Era violencia psicológica"... "¡Ah!" -respondió Borja- "¿y por eso me decías siempre que yo era el hombre más bueno del mundo?... ¿por la violencia psicológica?... Bueno, y lo de acostarte con otros hombres mientras estábamos casados..." "¡Eso es mentira!" saltó como una fiera Margarita, pero se quedó callada, muda, sin saber qué responder cuando Borja le dijo: "¿Quieres que te diga unos cuantos lugares donde lo has hecho? ¿Es que no sabes de sobra que te han visto muchas veces ya?". Y Borja le señaló algunos. Silencio. El silencio del que otorga porque no tiene más remedio, porque se ve pillado con las bragas en la mano.
Todo pasó. Borja superó todo aquello. Borja dejó, poco a poco, de querer a Margarita, sobre todo viendo como la mujer que decía ser desinteresada le quitaba todo, una cosa tras otra... todo, y por supuesto, lo que más valoraba Margarita... la casa que tanto esfuerzo le había costado a Borja. El amor de Borja se fue disolviendo al comprobar cómo la mujer que él siempre había creído noble no era sino un esperpento de maldad y mentiras. Pero Borja esperaba todavía una respuesta, una última respuesta que pudiese decirse noble, que le recordase lo que él, en tiempos, había pensado de Margarita: una explicación, cara a cara, de todo lo que había hecho mal. Tal explicación no llegó nunca. No podía llegar. Margarita era incapaz de repetirle a Borja en la cara todo lo que iba contando de él a sus espaldas.

Moraleja: No hay moraleja. Que cada uno elabore la suya según sus instintos y su capacidad de entender.

Incredulidad

Me asalta a veces un sentimiento de incredulidad, de incompresión de la vida que, momentáneamente me desorienta. ¿Cómo, personas que te han conocido casi toda la vida, que han convivido contigo y han llegado a una intimidad en la que nada resulta oculto, de pronto pueden cambiar todo ese conocimiento que tienen de ti por un plato de lentejas, vamos, por una difamación interesada?
He llegado a la conclusión de que los necios prefieren creer aquello que les cuentan, antes que lo que han visto siempre con sus propios ojos.
Así vamos...

martes, 19 de abril de 2011

Me acusa el ladrón de robar

Han llegado -¡más penas!- a mis castos oidos hechos que, en un primer momento provocaron mi indignación, posteriormente la preocupación y, finalmente, una lástima infinita, todo por no caer en el desprecio hacia esas... ¿personas?
Han llegado a mis oidos noticias de que abuelos -maternos- y madre de mis hijos se han embarcado en una cruzada con el fin de ponerlos en mi contra, en contra de su padre.
Han llegado a mis oídos las acusaciones que vierten sobre mis hijos de que su padre los está manipulando. ¿No os dais cuenta de que es una causa perdida?... ¿No caeis, pobres ignorantes, en que en mi casa ni se habla de vosotros? ¿No sois conscientes de que, para mi, lo primero es la paz de mis hijos? ¿Por qué poneis tanto empeño en trastocarla? ¿Por qué tratais de volcar ese odio que os llena sobre mis hijos?
Son vuestros nietos y tus hijos respectivamente. Pero con el fin de tratar de apartarlos de mi os importa un bledo el daño que les podais hacer.
Señores abuelos maternos, señora madre... quedaos tranquilos. Piense lo que piense yo de vosotros (como dijo Jesús: sepulcros blanqueados) no hago partícipes a mis hijos de estas cosas. Son mis hijos y yo no soy como vosotros. Yo los quiero. Y dudo mucho de lo que vosotros podais entender por "querer". Nunca habeis sabido qué es eso.
Y termino con el refrán que me soltó uno de mis hijos cuando me contó todas vuestras "nobles" conductas: "Piensa el ladrón que todos son de su condición". Así que, aplicaos el cuento. Y aprended a ser personas.

martes, 12 de abril de 2011

Respuesta y Petición

Acabo de leer una respuesta correspondiente a una entrada que borré. Sin embargo, la respuesta se conserva. Y me da una lástima inmensa la poca calidad que queda en algunas personas.
Admiran a un señor que engaña, entrando en una familia bajo la máscara de "amigo" y follándose a la mujer del matrimonio. Eso es admirable, según parece. Y de un matrimonio que había conservado la estabilidad y la paz hasta que a la mujer y a una de sus amigas se les antojó intercambiar los maridos. Cosa curiosa, ambas del mismo nombre, y mientras una se busca a otro que la pone mucho más, abandona al suyo -pobre subnormal, clínicamente hablando- y se lo cede amablemente a la que era mia, que acepta con sumo agrado lo que a otras les sobra. Todo muy estudiado y perfectamente sincronizado por ambas. ¡A quien se le diga no se lo cree!... Pero es absolutamente cierto. Si yo fuese un poco cabroncete, sin duda diría de él que es un hombre que se maneja muy bien entre zorras, pero no lo voy a decir no sea que resulte ofensivo para alguien... por ejemplo, para las putas bordilleras que llevan su oficio con mucha dignidad, sin esconder lo que son. Disculpad si os place la vena maligna que a veces me sale, pero acostumbrado a llamar a las cosas por su nombre, existen ocasiones en que pierdo toda capacidad diplomática.
Me dice, quien nunca me ha conocido, que yo me dedicaba a follar a mi ex-mujer -sí, así lo dice-, pero no a hacerle el amor, cuando si me fui apagando en mi vida fue precisamente porque yo me entregaba completamente a la que fue mi esposa mientras ella sólo follaba, sin haberme querido jamás (¿pero cómo podía empapar las sábanas con sólo rozarla un hombre con quien se había casado, según ella, obligada? ¿Cómo podía llegar a decirme, esta señora "coaccionada" a casarse conmigo, y supongo que a tener dos hijos con este que suscribe, lo bueno que yo era y lo orgullosa que se sentía de que yo fuese su marido?) Y que tal vez esta mujer, continúa diciendo la informadísima narradora de nuestras vidas, me haya dejado precisamente por no quererla, cuando no quise a nadie como a ella en toda mi vida y, sin embargo, ella no hizo conmigo otra cosa que no fuese utilizarme para salir de la casa de sus padres y jugar a tener casa y dinero propios. La persona que tales cosas afirma no llegó a conocerme nunca. Se plantó un día en mi nuevo hogar, acompañando a mi ex en calidad de guardaespaldas, y al rato me pidió que la dejase entrar. Yo, amablemente, accedí, para encontrarme con una pregunta: "-¿A ti te parecen correctos los insultos que le pones a tu ex-mujer en esta carta?... -¿Qué insultos?... -Bueno... ¡las vejaciones!... -¿Qué vejaciones?... -Bueno... de todas formas, ¡esto no lo hace un hombre!"... Y se dió una dignísima media vuelta. Me quedé con las ganas de saber qué era lo que no hacía un hombre. Por supuesto, no recuerdo que ella estuviese en la cama con mi ex-mujer y conmigo para comprobar quien de los dos ponía el amor y quien el interés, pero en buena lógica, y visto quién ha sabido llevarse todos los beneficios, yo no lo dudaría.
Esta insigne señora, de sabiduría inconmensurable, se dedicó luego a decirles a mis hijos que querían estar conmigo porque no me conocían. ¿No sería más cierto decir que la que no me conocía era ella?... Les decía que si se quedaban conmigo acabarían como su primo el "gorrilla". Y yo me pregunto, ¿qué habrá hecho para tener, justamente ella, y no yo, un primo "gorrilla"?... A lo mejor es con ella con quien no hay que estar...
Me consta que hay una persona que puede dar fe de lo que vio mientras me conoció. Me consta que hay, en ese círculo, quien sabe el profundo amor que yo sentía (y recalco lo de "sentía", pasado y muy pasado) por aquella que fue mi mujer. Me consta que esa persona, si se para a analizar las cosas, sabe en su interior que todo lo que se ha dicho sobre mi, o al menos casi todo, es no solo falso, sino incluso excesivamente burdo. Me consta que esa mujer calla. No se si por conveniencia para seguir en la corriente del grupo que la rodea, si por cobardía, si por autoengaño, o porque la inteligencia que yo le atribuía no era más que otro espejismo... Pero tú sabes que te hablo a ti, ¿verdad? A punto estuve de ceder a tu propuesta de hablar, como pretendías, frente a un café, pero terminé por considerarlo una pérdida de tiempo. Por lo que fuese, ya habías decidido que yo era culpable. ¡Qué pena!
Por si no lo sabeis, grupo de señoras, ya hace más de un mes, bastante largo, que escribí, tras muchísimo tiempo de silencio, una carta a mi ex. Y por los fallos, por las equivocaciones, por los errores que yo hubiese podido cometer, pedí perdón. Reconozco muchos errores, naturalmente, pero también reconozco que otros muchísimos de esos errores que se me achacan no existieron o, cuando menos yo no tengo constancia alguna de ellos. Así y todo, pedí perdón. Por todo. Por lo que había sido y por lo que hubiera podido haber sido... ¡aunque no haya sido!. ¿Que no os han enseñado esa carta como hacían con las otras?... Tal vez no resulta tan apropiada para reirse, como aquellas... (por cierto, también pedí perdón por esas cartas)
Quiero sencillamente, señoras, ya que se que estáis al tanto de este blog que no deberíais conocer, que tengáis la seguridad de que no queda nada. Ni odio, ni celos, ni siquiera el que sería justo descontento ante el abuso que se cometió conmigo "obligándome" a aceptar poco más de 20.000 euros por mi "mitad" de la casa, 115 metros cuadrados útiles en una zona que se vuelve más cara a cada momento. Una casa cuyo mayor esfuerzo para comprar lo llevé yo a cuestas. Eso, señoras, fue un robo en toda regla. Fue utilizar cadenas para obligarme a aceptar, bajo amenazas, con coacciones para forzarme a firmar, que la que fue mi mujer conoce muy bien, pero lógicamente calla. ¡Buen negocio para la señora!... y eso que iba diciendo que no quería nada... Si llega a querer algo, supongo que hasta el alma me habría arrancado. Fue un empeño aquel, para mi totalmente incomprensible, de tratar de hacerme todo el daño posible, sin que yo entendiese nunca el motivo de tanta venganza. Y en su momento se consiguió. Pero ya no, señoras, ya no. Cuando tras años de engaños se ve el verdadero rostro de quien vive contigo y quien duerme contigo (no olvideis que ni ha vivido con vosotras ni ha dormido con vosotras durante 18 años) el que era amor se torna sentimiento de liberación, se vuelve inenarrable alegría de sentirse despojado uno de la carga que le mataba día a día, de huir del asesinato lento y feroz de una actriz como la copa de un pino.
Como le dije a ella misma en esa carta mencionada, deseo que la señora sea extremadamente feliz y consiga todos sus objetivos. O que no lo sea... lo que prefiera. Yo ya estoy fuera de su alcance, y vista la calidad de personas como vosotras que juzgáis sin necesidad de oir ambas versiones, también fuera del vuestro.
En cuanto a mis escritos...escribo lo que me apetece, y si me apetece escribir una coplilla que me llegó y me hizo hasta gracia, lo hago. Aquí la tenéis: "La mujer con quien te acuestas / me la follé yo primero / espero que tú disfrutes / las sobras que yo no quiero". No olvidéis el tono de jota. No siento ninguna consideración por un señor que, además de haber demostrado ser un completo miserable -en connivencia con la señora que estaba casada conmigo, que no le va a la zaga- sigue siendo un mentiroso con respecto a mis hijos que, por supuesto, le molestan, por lo cual no cesa en sus intentos de acusarlos de todo lo acusable y desprestigiarlos con burdos engaños que sólo quienes son como vosotras se pueden creer, en lugar de tratar de ganarse su respeto a fin de alcanzar una convivencia estable al menos. Un señor que, como la señora con la que ahora convive, ofrecen una cara amable para tapar toda la mentira que llevan dentro. Eso jamás ha merecido ni merecerá el menor de mis respetos. Todo lo más, un indiferente desprecio hacia esos seres que se arrastran en lugar de llevar alta la mirada. El hombre, para ser hombre, debe hacerse digno de llevar ese nombre. Y la mujer, por supuesto.
Si de verdad entre vosotras existe alguna de alma y sentimientos tan puros, de mente tan equitativa, de pensamientos tan justos, que se crea en la capacidad de juzgarme... ¡adelante! Ya lo hacéis, pero os daría hasta mi bendición para proseguir con esos juicios sumarísimos. En caso contrario,continuad con vuestro juego sangriento ya que así os place. Sé que no hay nada que os divierta más que sacar las tripas al prójimo. Pero allá vosotras con aquello en lo que convertís vuestras vidas. Porque ya sois de esas que en las barbacoas no matan al pollo, sino al vecino.
Me resta pediros que no os empeñeis tanto en seguirme. Ni soy merecedor de tanta atención -lo digo con toda humildad-, ni escribo para vosotras -lo digo con toda franqueza-. No me interesáis en absoluto. Escribo para aquellos cuya capacidad de pensar y ver cosas nuevas está todavía viva y puedo ayudar, tal vez, a despertar. No es vuestro caso. Tomad esto como lo último en que hago referencias a vosotras y dejadme en paz. Mi vida está lejos de la vuestra, por la gracia de todos los dioses... ¿Podré alimentar la esperanza de no tener que soportaros más?
Un saludo a todas.
Bernard.

lunes, 11 de abril de 2011

Dicen (bis)

Conversación real:
(y si lo dudan, que le pregunten al que en un tiempo no muy lejano fue hermano mio, Javier. De hecho, la anterior entrada "Dicen" está basada en esta conversación)

-¿Puedo hacerte una pregunta?
-¡Claro!
-Es que necesito saber una cosa...
-Pregunta, pregunta...
-¿Qué hay de cierto en la historia de una pistola con la que dijiste que te ibas a suicidar?
-... (perplejidad, desconcierto, confusión)
-Es que me han llegado noticias de que amenazaste a tu ex con que si te dejaba...
-Pues no se... francamente... es posible, tal vez... quizás se la enseñé... una que estaba en una caja de zapatos encima del armario...
-No, estaba guardada en su caja de seguridad, cerrada siempre, y en un cajón escondido.
-¡Ah!... No lo sabía... Perdón por no saberlo.
-...
-"Dios santo, si lo sabe él mejor que yo... y me pregunta si yo tuve algo que ver con una pistola... Déjalos, Bernard, déjalos... si se lo creen no existe modo humano de demostrarles la verdad. Siempre se lo creerán. Así que, aunque ni supiera dónde se guardaba, no cabe duda alguna, lo hice, fuese lo que fuese".